La internacionalización del caos o las letras en los ojos de Nino Buenaventura

Y así. Como la modernidad prometió la libertad del “hombre”, como la máquina vociferó el disfrute de la actividad humana o como el capitalismo ensordecedor nos dice que hay “oportunidad para todxs”; Nino nos viene a lanzar la piedra escritural pa quebrar los falaces espejos.
A veces, cuando se me ocurre pensar en internacionalismo se me vienen unos ojos y un idioma inventado, que con Nino hemos hablado y visto. De esos (im)posibles hablan sus escritos.
Compañero internacionalista de las galaxias, de las sustancias, de las tristezas, miserias e infinitas risas estos escritos están hechos con tinta carbón de alguna de las minas del mundo, las hojas que los soportan son de deshechos de alguna promesa industrial que un obrero hizo panfleto en otro momento.
Esa tinta al mismo tiempo trae sangre, con historia, con memoria y pa transfusión a la que ya traemos, pa avivar los recuerdos, porque cuando una lo lee, el músculo ese mal llamado corazón, late con otra fuerza, con otra rabia y con otra esperanza (otra mal llamada)

Cada vez que un cura dice esperanza, un niño sudamericano se quema a lo bonzo sobre una sotana.

Poemas que invitan a incendiarlo todo y a renacer de las ruinas. La poesía de Nino es la piedra que rompe la ventana, el muro rayado con una consigna, el grito en mitad del silencio impuesto, las calles tomadas y nuestras formas de resistir. Admito que no es poesía, o sí, pero también algo más, es una grieta abierta en todas partes. Es un temblor.

Ilu_ Helena Scully.jpg

Ilustración de Helena Scully Gargallo

Prometo caos

Te prometo caos

porque no hay otro placer

que conozca…

Porque a todos los placeres engloba.

Te prometo caos,

porque hallé que caos

es un verbo

conjugable al gusto.

Prometo llevarte al caos,

donde todo se vuelve luminoso.

Para que se encienda la llama,

se apaguen los miedos.

Prometo llevarte

adentro del caos,

a ver las personas

…decentes

buscando la tiniebla

para esconder

las Vergüenzas

los Deseos.

Te prometo caos, amor

porque no hay

velero en el mundo

que pueda moverse

sin un aliento de viento.

 

Admito que esta no es poesía

(ante a un desalojo violento)

Corre. Despacio. ¡Para, chingao!

Salta desde el techo!

“pero es el quinto piso…”

la legalidad

la legalidad

la legalidad!

Las personas normales… ¿las ves?

“¡Si, las veo, distantes a mí,

a mi corazón que sabe pronunciarse

exclusivamente en condenas de vida,

que no para de apremiar

enfrentando la injusticia!”

Pero la justicia no es legal,

es una afrenta a nuestra riqueza

es un escupitajo sobre nuestro parabrisas de cristal

el ratón que se anida en nuestras propiedades.

El fármaco realentará tu corazón.

El consumo lo entorpecerá.

El trabajo lo flaqueará.

El bastón machaqueará la carne.

Levanta la frente, bájala,

sal de allí… ¡y ve al jale, cabrón!

Tenías que pensarlo antes de nacer jodido.

“Si señor. No señor”

Miradas inquinadas y afligidas

miembros ya no vibrantes,

sino flácidamente abandonadas

a la recurrencia diaria

a la amargura del significado

al vivir para trabajar

“y

felices

de

humillar

el

próximo,

somos”

Hoy

s e s e n t a

personas ya no tienen casa.

Admito que esta no es poesía,

sino legalidad legalidad legalidad

la putrescente realidad.

Bologna, 3 de Mayo 2016

 

Retrato de amor con asesinato

(Para Berta Cáceres)

Tus hijas son menudas,

una de ellas se muerde el labio

y habla con tu voz de gigante.

Eras madre

y eras hija de tu pueblo,

una combatiente sin gloria,

sin fortuna.

Y llegaron los homúnculos del dinero

con sedientas tragadoras mecánicas,

llegaron a cuantificar la vida de un pueblo,

a cerrarla en deshumanas barreras

a transformar la vida en capital

la muerte en bien común.

La arrogancia del plomo

pudo contigo lo que no pudo

la serpentina lascividad del dinero.

¡Escuchen! ¡Asesinaron a Berta!

Mataron una sonrisa

que se arrojaba contra el tiempo.

¡Escuchen! Asesinaron a una de nosotros,

y es como si de un solo golpe

hubiesen extirpado una entera foresta,

como si en un relámpago hubiesen demediado una montaña,

como si pretendieran incendiar los ríos y los mares.

¡Escuchen! ¡Asesinaron a Berta,

y ahora el agua salpica furibunda desde su proprio manto!

Por ti escribo estos versos

jamás conocida,

por ti vislumbrada

en la figura difuminada de tu hija,

en las lágrimas de una amiga.

Te pido, Berta

acariciar tu nombre,

tu fuerza,

para ser por un poco hijo tuyo,

y madre… para que en mí nazca el alba de una nueva alba.

Para que tu sonrisa sea la señal inconfundible

que desmienta la resignación de los pesimistas,

de los postrados.

Al principio eran cantos…

Al principio eran cantos,

luego llegaron los truenos;

¡Los quejumbrosos relámpagos de sus industrias!

Franjas de tierra y carne,

lágrimas en polvo

se erigieron en epitafios

tallados en la gélida sonrisa.

Al principio era el canto de una joven,

su existir sumiso.

Fue un instante y se cerró en el silencioso temor

de quien la dignidad

la esconde celosa

a los grandes señores, a los altos funcionarios…

a sus derechos.

Ustedes han violado valles,

desollado mares,

acribillado nuestros corazones de arcilla.

Ustedes han aprovechado

de altos intereses en nuestro miserable escarbar.

Servirían palabras aún más fuertes

para describir.

Veros y versos

para enumerar.

(Yo realmente no los tengo)

que parloteas y parloteas

de las temporadas que fueron,

¿puedes escuchar la lluvia

que ahora cae en Medio Oriente?

La quimera

Qué triste

la condición del ser humano

no puede volar como las gaviotas,

sin contaminar

no puede ser libre como un perro,

sin ser pobre

no puede nadar como un pez,

sin encarcelar oxígeno

en pulmones metálicos

no puede reposar al sol como un gato,

sin haber conquistado este privilegio

a costa de la explotación.

Pero,

el hombre, la mujer

siempre tendrán

el instinto de levantarse

para que las hijas, los hijos

puedan juntar la espuma de la utopía

y la dura línea de la realidad

con sus alas de gaviota.

Puedan correr por calles y senderos

dejando una liviana huella de perro en el camino.

Puedan nadar ágiles como peces

entre mil personas, cuerpos, amores

sin la sombra de las culpas.

Y al fin,

cerrar lentamente los ojos en sofás expuestos al sol

sin por eso

ser odiosos burgueses.

Patas de perro, alas de gaviota,

ronroneo de gato, aletas de pez.

Qué extraña

y maravillosa quimera

podría ser el humano.

 

 

Todo el destino estaba en las rayas de una poesía

Todo el destino estaba en las rayas de una poesía

hasta la maldita confirma

la búsqueda de un momento inexistente

la deseada vuelta.

Ven instante, vuelve tiempo

si yo pudiera rescribir algunos capítulos

haría lo mejor.

No me engañaría en el futuro,

no pensaría en el mañana con resentimiento

porque conocería el fin.

Todo empezó una noche

todo acabó en un momento atemporal

que sólo los cuervos anidados por encima de nuestro campo

podían presagiar.

Sin hablar, dos veces vadeé el río

y dos veces creí volver al verano

al amarillo de tu grano

al marrón de tus ojos afilados

dos veces caminé sobre la navaja de la belleza

creyendo hacerla mía

dos veces me herí.

Una y otra libaste con ternura mi sangre.

Trabajé como mayordomo en un campo de rosas

con la esperanza de participar en la cosecha

y regalarte el perfume de mi sudor.

Pero,

cuando vadeé el río la tercera vez

el amarillo de nuestro campo ya no era tan amarillo,

un oso que buscaba un hogar cálido

gritaba la llegada del invierno

y no cantaba más nuestro ronco gallo.

Clavada en la punta de un pico

una foto nuestra encabezaba el asalto de la brisa matutina,

Monté otra vez mi caballo cansado

y te vine a buscar en el condado cercano,

reconocí mi trigo

y ya no era de nuestro color.

Partí hacia el mar en bonanza,

donde los barcas esperaban el gran juicio

encalladas como fieles.

Me arrodillé en la catedral salada y rogué un Dios.

rogué por regresar al momento de tu nacimiento,

rogué por regresar a tu casa,

supliqué poder catar otra vez el sabor de tu pecho.

Contestó con voz femenina: “Adelante, te daré refugio tras la tormenta”.

Volverás

Tu imagen se compuso

manchando lentamente el horizonte

había tierra en tus botas

había cayos en tus manos

tenías el pelo negro

un tatuaje en nahuatl en la espalda.

Me preguntaste:

“¿Que haces aquí,

entre las piedras de este desierto?”

“Esperaba que pasara el águila

esperaba que fluyera el agua

esperaba la mirada de la serpiente”,

te contesté.

Me miraste con la cara sabia

tus brazos como muertos

abriste los labios,

únicas bayas rojas en el mar color castaña,

y dijiste:

“Los campos están cerrados ya.

Las serpientes, como carroña

crucificadas en alambre de púas.

Las águilas vuelan

distantes de la mirada de la gente

y el río desviado a enfriar el acero.”

“¡Levántate!

Mucho tiempo tuve que esconderme

mucho tiempo me esperaste”

Bajaste con tu mano sobre mi pecho:

“La sombra del águila esta pintada

sobre mi espalda oscurecida del sol

mi cuerpo no tiene dueño

Y de mi corazón aún fluye un río”

Me paré y te seguí

más o menos como hace

el polvo en el viento

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